miércoles, 17 de julio de 2019

Archivo y fisura.

Hace unos días pensaba en cuánto tiempo hacía que no escribía por aquí, ampliaba esta especie de archivo/revoltijo. Esto manifestó la problemática sobre si realmente tenía algo que decir o había tenido un pensamiento promovido por la tela de araña de las redes sociales y la necesidad de proyección, exposición, exhibición, etc. Entonces, durante un rato intenté resolver esta cuestión manifestada/planteada desde fuera y adentro. Antes de que pudiera llegar a ninguna conclusión de peso y mucho menos algo sobre lo que escribir pisé una esponja y me caí por dos escalones, golpeándome la cabeza contra una mesa y la mano contra algo que habitaba el suelo y no recuerdo. Después de comprobar que no me había abierto el cráneo el dolor se manifestó en el dedo pulgar de mi mano derecha. Fui al consultorio médico. Luego tuve que bajar al pueblo de abajo a hacerme una radiografía en el ambulatorio. Todo parecía indicar una fisura pero la doctora no estaba segura de ello. Aún así me inmovilizaron el dedo. A los tres días me vio mi médico y diagnosticó una fisura. 21 días. El dolor prácticamente ha desaparecido. Sólo queda la incomodidad de no poder usar ese dedo para pulsar la barra espaciadora del teclado. La curiosidad que me provoca esta inmovilización sobre qué clase de homínido soy, en definitiva, la evolución: Humanidad/Escritura.  

¿Realmente había necesidad de contarles todo esto? ¿De archivarlo? Posiblemente no. Ni siquiera haya una necesidad real ni divina sobre escribir como llevamos romantizando siglos. Pero la constancia de estas palabras digitales podría ser el rastro de algún tipo de pista, sin duda. De una que discúlpenme que no siga porque antes les mentí y el dolor de mi dedo digital no ha desaparecido del todo, sino que, es más, se ha acentuado con estas letras.

Archivado
y

fisurado.

viernes, 12 de abril de 2019

¿Para qué escribir?

«¿Hasta cuándo va a estar de moda leer?» se preguntaba el filósofo Santiago Gerchunoff en Twitter, que recientemente ha sido uno de los autores con los que Anagrama inauguraba su colección de Nuevos Cuadernos Anagrama (Ironía OnUna defensa de la conversación pública de masas).

Conociendo el título de su ensayo —pero sin haberlo leído aún— no me atrevería a responder a esta cuestión, me temo que caería de la forma más ridícula en una trampa de la que no podría salir e incluso resultaría torpe el intentarlo, ni tampoco desarrollar un inefable gusto por el apropiacionismo (JA) y pretender armar una especie de oda textual a…No, no, dejémoslo. Ciertamente la referencia a la moda a uno le hace pensar directamente en esa cosa de la cuestión editorial. Los temas que se ponen de manifiesto en el escaparate de la venta. Todos sabemos cuáles están en estos momentos sobre la mesa y no hace falta mencionarlos. Esa sartén es suya y no hay más que hablar.

¿Entonces qué? ppppppppppppppppppppppp. Lo que me pregunto sin deseos de proyectar una amalgama confusa ni por lucidez ni por extensión, es por el hecho de escribir —cosa facilísima—, ¿para qué escribir? Pues bien, ni idea. Qué esperaban. Desde luego que para ganarse la vida, que es uno de los principios (inculcados) de la sociedad moderna no —no me hagan hablar de aquellos que lo consiguen—. Larga es la lista de profesiones “no literarias” y escritores de reconocido prestigio dentro de la llamada literatura. Y si bien la cuestión material no parece resolverse a base de calidad sino más bien a golpe de, ya saben, otros factores, realmente, ¿tengo que seguir con este embrollo de para qué escribir?
No sé en qué momento se me ocurrió decir o poner de manifiesto que lo revolucionario sería el no escribir. Cosa con la que no estoy de acuerdo en absoluto. (O sí).  Seguramente tendría el día frío. Preguntarse para qué escribir resulta tan inútil como preguntarse si merece la pena luchar en términos políticos. De la forma en que se haga, dependiendo de la valentía o la sumisión de cada cuál —por añadir un par de adjetivos románticos a la cosa­—, del ángulo de la historia en que nos veamos subidos, escribir es algo que se hace, y aunque te preguntes ¿para qué escribir? se vuelve una y otra vez.

Lo suyo sería dejar aquí esta pequeña entrada, pero sobre volver y volver a escribir quiero reafirmarme. Miren ustedes: Salinger, de quien nos libramos gracias a SU súper ventas, no dejó de escribir, puede que dejara de vender (algo nuevo), de mostrarse, y aquí un servidor se lo agradece, sinceramente. Ahora bien, y para terminar, Rulfo, mi querido Rulfo. Tampoco dejó de escribir tras Pedro Páramo. Solo dejó de venderse como escritor. Fue de acá para allá, con esa cosa del cine y los guiones, y el desierto y la fotografía. Pero no dejó de escribir. Y seguramente tuvo que vagar con esa cosa a la espalda como un hematoma perenne de ¿para qué escribir? Pues miren/lean no lo sé, pero no dejen que lo hagan solo los otros.


miércoles, 23 de enero de 2019

Canten y beban. Jonas Mekas.

Estoy tumbado en un sofá estampado de flores. Mirando hacia el balcón. Aún podría decirse que es hora bruja. Hace un rato gracias a la inmediatez de las redes he conocido la noticia de la muerte de Jonas Mekas. Las nubes entre grises y rojas se mueven a gran velocidad. Pocos días con tanto aire he conocido. Por supuesto ya he publicado mi tuit: Lo que le debo a Jonas Mekas es impagable. Tampoco merece ser dicho. D.E.P. Así que no lo diré. También he publicado, entre algunos retuits una captura de pantalla de una imagen que grabé en 2014 en el Museo Jonas Mekas de Vilna, en Lituania.

 




Aunque puede parecer lo contrario la imagen no es de Jonas Mekas sino de George Maciunas. Los últimos días no sé cuántas veces he escrito y borrado el nombre de Jonas Mekas. Reescribiendo esa novela donde todo ocurre en Lituania. Con su voz en off en mi cabeza. Go Children West. Bayas, uogos, bayas. Partir es volver a casa. Semeniskiai no aparece ni en google maps. Nunca supe cuánto habría desde Varena hasta allí. Si seguía existiendo o habría sido absorbida por algo con categoría de localidad. Ningún lituano sabía dónde estaba. Al final tampoco me importó mucho. Quedé tan paralizado con todo ese frío. Pero eso es otra historia. Ahora lo que toca es cantar y beber. Canten y beban. Jonas Mekas. Cine/Poesía.